Amy Winehouse: el viaje de una estrella

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Por: Natalia Rodríguez
Colaboradora Colectivo Sonoro.

En 2003, la música conocería a una mujer que, sin pertenecer al estilo prefabricado de Hollywood o sin contar con productores ostentosos que le arreglaran las canciones como a muchos otros artistas, haría que el mundo se fijara en ella y empezara a escucharla. Era imposible no centrar la atención cada vez que Amy Winehouse estaba en un escenario. Su estilo, mirada y, por supuesto, su fantástica voz, lograron lo que muchos músicos hubieran querido dividir la música antes y después de ellos.

Su voz parecía no pertenecer a su corta edad, sus letras estaban tan llenas de emoción, vida, verdad, claridad y hasta oscuridad que fue dejando en el mundo unos fanáticos que no la olvidan. A la final, dicen que los genios y los grandes artistas jamás mueren, pues podemos volver a ellos recordando sus gestas, en este caso, dándole play a su música.

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Su primer álbum ‘Frank’, que estaba tan lleno de jazz, permitía ver a una Amy llena de vida, pero cargada de una emocionalidad que a su edad era inconcebible. Al salir al mercado del Reino Unido, en poco tiempo, alcanzó records de ventas y fue nominada a los Premios Mercury Prize pero, para aquel entonces, aún no sabría que desde sus vivencias y desde su “oscuridad” estaba destinada a dividir la música en dos.

Muchos se preguntarán por qué afirmamos con vehemencia que dividió la música, es sencillo, jamás nadie podrá confundir su voz con la de alguna otra cantante, no necesitó jamás productores que le ayudaran a construir sus letras. Amy era simplemente Amy, la mujer que solo sabía cantar para aliviar su alma, aquella que amaba cantar jazz en un bar para pocas personas (les recomiendo que vean sus primeras presentaciones, su sonrisa era la de una niña que está tocando el cielo).

Se me hace muy paradójico saber que jamás quiso ser famosa. Afirmaba que “no podría soportarlo”, pues bien, lo cumplió, porque nunca lo pudo soportar, ese no era su objetivo de vida.

Para aquel entonces, nadie creía que volvería a existir una mujer como Nina Simone que pudiera cantar Jazz, R&B y Soul, entre otros géneros musicales, que lograra ser reconocida por su registro de voz tan potente y que dejara en cada persona la emoción que ella misma había impuesto al momento de componer sus canciones.

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Pero fue solo hasta “Back to Black”, que Amy descubrió a donde la conduciría la fama. En este álbum, retrató perfecta y magistralmente cómo el amor la estaba consumiendo viva, cómo cada fase de su relación con su exesposo Blake la estaba llevando a un precipicio del que intentó escapar más de una vez.

Al oír sus canciones, sus fanáticos solo podíamos llorar a su lado, ver cómo nuestra piel se erizaba cada vez que escuchábamos sus melodías. En ‘Back to Black’ sentíamos que queríamos enterrarnos con su dolor que, tal cual como dice en una parte de la canción We only said goodbye with words
I died a hundred times”
, nosotros también moríamos con ella y cuando vimos el vídeo de esta canción por primera vez, definitivamente, entendíamos que esta mujer era más de lo que sus mismos seguidores podíamos contemplar e incluso a  veces soportar.

De ‘Rehab’, los fanáticos sentíamos que si bien cada estrofa era reflejar en su voz la cantidad de veces que los seres humanos piden ayuda y aún así nadie quiere escuchar, también nos hacía llorar porque desconocíamos si su cuerpo aguantaría el exceso, sin embargo, ingenuamente la creíamos inmortal.

La mejor canción de este álbum es, en mi opinión, ‘My tears dry on their own’ porque retrató la soledad más allá de una separación, exhibió tan perfectamente en una sola frase lo que se siente cuando el desamor supera cualquier límite: “And you don’t owe nothing to me, but to walk away I have no capacity”.

Si para el 2006 alguien dudaba que la música jamás sería la misma sin ella, basta con mirar los números de este álbum: seis nominaciones a los Premios Grammy de los cuales ganó cinco: Canción del año, Grabación del año y Mejor artista nuevo, entre otros. Se convertiría, entonces, en la primera artista británica en ganar cinco Grammys en una sola noche.

Lo que pocos sabían era que para esa época estaba desplomándose, su cuerpo no dejaba de enviar señales de alerta, su corazón estaba destruido y quizás, hasta como mencionaron en el documental de “Amy”, de a poco estaba entregándose al dolor.

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Amy logró inspirar a muchas nuevas artistas para que no cambiaran su estilo, para que explotaran su voz y, lo más importante, para que jamás dejaran de sentir. A la final, es esto lo que diferencia la música de otras profesiones; no puedes ser cantante de verdad si tu alma no lleva dentro historias que contar, lágrimas que limpiar y heridas que sanar. Porque ella, seguramente, nos sanó a muchos, ojalá que como dijo Tony Bennett, su gran ídolo, ella hubiera comprendido que la vida te enseña a vivir si le permites hacerlo.

El 23 de julio de 2011 será la fecha que jamás olvidaremos, ese día su corazón no aguantó más, los dolores de su alma la apagaron y, como la estrella que fue, decidió ir a donde siempre perteneció.

En ese momento, para nosotros también murió de cierta manera la música, soñábamos con más producciones musicales, por mi parte, esperaba con ansías el día que pudiera verla en vivo y para su grupo de fanáticos murió de una u otra forma lo que sentíamos al oírla cantar.

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Tras su muerte, como era de esperarse, volvió a encabezar las listas de la música. Por ejemplo, en Canadá logró vender 2’500.000 copias. El 25 de agosto de 2011 The Official Charts Company afirmó que ‘Back to Black’ vendió alrededor de 3,26 millones de copias convirtiéndose así en el álbum más vendido del Reino Unido en el Siglo XXI.

Amy ahora está en una constelación que los mortales jamás conoceremos. Ella recuperó su brillo en la soledad y la tranquilidad que siempre prefirió, quizás tengamos que pedirle perdón porque nuestro carácter humano y despiadado siempre quisimos robar algo de ella y hoy, que sabemos que ya no está, es poco lo que podemos hacer, excepto darle las gracias porque de alguna manera los que hemos visto y vivido la oscuridad, logramos entender el poder de sus canciones y cómo éstas pudieron sanarnos.

Gracias Amy. Cada vez que miro al cielo, mientras oigo tus canciones, espero que hayas encontrado la felicidad que este mundo te arrebató. ¡Buen viaje Amy!

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